jueves, 9 de octubre de 2008

RUTA FORTALEZA COLLOR


Dificultad de la ruta: moderada
Distancia: 20 kilómetros.
Tiempo de recorrido: 6 horas.
Altura promedio: 2800 msnm.
Región natural: quechua.

Para hacer esta caminata hay que recorrer en vehículo los 19 kilómetros que separan a los Baños del Inca de la Laguna San Nicolás tomando el desvío en el Km. 11.5 de la carretera Namora. Al inicio del camino nos encontramos con la laguna, gran superficie de agua que brinda pesca abundante y "matara" (totora) a las comunidades vecinas. Buen lugar para observar aves y conversar con los jóvenes pescadores, quienes nos pueden contar cómo hasta hoy se confecciona balsas con la matara.




Antes de seguir caminando es imprescindible hacer una visita a la familia Ordóñez, una pareja de ancianos responsable de la fabricación del mejor pan horneado en barro que uno se pueda imaginar. Ellos reciben al viajero en su casa de piedra y barro y le ofrecen un desayuno bíblico de panes y peces que muy fácilmente no se olvida.

Para llegar al atractivo central de esta ruta - la fortaleza de Collor- caminamos por un sendero abierto entre flores silvestres. La inmensa cantidad de fragmentos de cerámica rojiza de diseños diversos que aparecen a nuestro paso nos indica la proximidad de un testimonio arqueológico. La fortaleza de Collor es el último bastión de resistencia de los Caxamarcas contra los Incas. Aquí se libró una batalla sangrienta en la que venció el imperio incaico, lo que permitió a sus huestes seguir avanzando hacia el norte.


Collor es un conjunto compuesto por una terraza que probablemente haya sido la base de un templo dedicado al Sol. Encontramos también una colca, o depósito de alimentos, antes de acceder a la fortaleza misma, pasando entre arbusto espinosos y arbustos de tara. Paredes de cuatro metros de altura, acueductos, escalinatas de piedra y torreones de vigilancia, nos revelan la herencia pre inca cajamarquina en el entorno impresionante de la montaña.

Seguimos en seguida por la ruta que los ancianos Ordóñez hacen una vez por semana para llevar su pan hasta Namora. Antes de llegar a este pueblo pasamos por Chilacate, poblado que llama la atención por el color rojizo de las paredes de sus casas de barro.



Namora es hermoso, plácido y acogedor. Son de fama sus guitarras, su cuy frito y sus frutos de capulí. Aquí, muy cerca, también está la antigua hacienda La Perla, llena de historias que aún se reproducen en boca de los ancianos que habitan en sus alrededores. De Namora partimos a buscar el punto donde iniciamos nuestro recorrido por el camino inca, que viene del sur. Pasamos por nuevos campos de flores nativas, antes de bajar a la laguna estacional de Sulluscocha, rodeada siempre de sembríos de maíz, tarwi y papa. El camino inca pasa por el lado noreste de esta laguna. Recorriéndolo podemos descubrir algo de su impecable tecnología. Allí están las bases de piedra, un terraplén adosado a la montaña, sus subidas y bajadas, las mismas que significaron un desafío para los caballos de los conquistadores.
De regreso a Baños del Inca llegamos a Shaullo, estamos a 2,930 msnm. Pasamos por otro pueblo encantador: Yacanora, con su iglesia rústica y sus recreos, tan requeridos por los cajamarquinos durante los fines de semana. Bajamos durante unos diez minutos antes de tomar un sendero que nos lleva al cerro Callacpuma (3,100 msnm), lleno de restos arqueológicos, pinturas rupestres y flores nativas. Es un lugar impresionante desde donde vemos la ciudad de Cajamarca, el fin de nuestra segunda ruta.


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