
El ecoturismo consiste en reorientar la idea de viajar, y en lugar de hacer un turismo depredador, propiciar que el máximo disfrute del viajero sea descubrir la naturaleza y el placer invalorable de cuidarla, de conocerla, de respetarla. En el Departamento de Loreto se ubica la Reserva Natural de Pacaya Samiria que con 2,080,000 hectáreas es la segunda más grande del Perú después del Manu.
Embarquémonos en el puerto de la ciudad de Iquitos, donde todo es caos, furia porteña, anomia y sobre todo, una vitalidad sin límites. Nos dirigimos hacia la Reserva y horas más tarde nos enfrentamos con la inmensa Y griega que hacen el Ucayali y el Marañón cuando se unen y confluyen en el Amazonas, el río más ancho y caudaloso de todo el planeta.
En la zona de amortiguamiento de la Reserva existe una oferta considerable de hospedajes turísticos (lodges) en los que el viajero se puede contactar con la flora, la fauna y algunas comunidades sobre todo de los grupos Kukama y Kukamiria. La propuesta de estos hospedajes está en general en concordancia con los conceptos básicos del ecoturismo: sus instalaciones son rústicas y las actividades para el viajero son de observación de la naturaleza. Hay pesca, trekking y un deporte que cada vez gana más adeptos: el Canopy, que consiste en trepar a altas torres de madera levantadas en medio del bosque desde cuyas cumbres se puede observar la selva interminable.
En las orillas del Marañón encontramos pequeños pueblos que albergan comunidades; estos suelen mostrar la limpia arquitectura tradicional, con los techos de palma y los ambientes abiertos: como un gran espacio rectangular que hace las veces de plaza de armas y cancha de fulbito, y a su alrededor se distribuyen los locales públicos: la posta, la iglesia, el colegio, etc. Dos de estos pueblos deben ser visitados: San Martín de Timpishia y Puerto Miguel.
Una vez que se llega al Puesto de Vigilancia I, se llega al primer control y al último indicador de presencia humana. De ahora en adelante, sólo hay naturaleza. La composición de los ríos en los que estamos hace que el agua sea de un color granate rojizo oscuro. La amplia superficie del río a ciertas horas del día va adquiriendo un tono absolutamente negro, brillante y de apariencia densa, tal como si fuese un espejo bruñido. En esa superficie se refleja el paisaje real, duplicándose con exactitud. En esta agua se puede pescar, pero para conocer las especies, no para depredarlas.
Otra actividad es la de pasear -de día y de noche- en lancha a motor o en bote de remos, a los lagos, lagunas (cochas) y caños (canales de entrada a las orillas). La laguna de Atuncocha muestra los mejores espejos de agua y las más atractivas posibilidades para encontrar delfines rosados. ¿Aves? Casi sin fin las garzas, el martín pescador, los carpishos, el halcón, el águila mamavieja, los jocosos guacamayos, los loros, tucanes... Tambien hay monos como el negro, el fraile, el leoncillo o cien más. Mamíferos de agua, mamíferos de tierra y una variedad inagotable de insectos, le recordarán una y mil veces que está usted en el reino de la naturaleza.
REVISTA: BIENVENIDAPERU.COM
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