martes, 7 de octubre de 2008

IQUITOS (azulejos y Pura vida)


En un país centralista como el Perú, Iquitos representa el epítome del aislamiento respecto de los mecanismos políticos, administrativos, culturales y sociales que dominan desde la capital. Iquitos muestra un aspecto y un ritmo completamente distintos al de cualquier otro polo urbano que se mantenga conectado con Lima por carretera. A Iquitos sólo se llega por avión o mediante unos extensos y escabrosos viajes fluviales. La carretera más cercana a la ciudad está en Pucallpa a 700 Km. de distancia. Ello nos permite descubrir una ciudad fascinante que en muchos aspectos tiene sus propias leyes, y en otros parece que no las tuviera. La gente de Iquitos es fanática del buen humor, de la sensualidad (más allá de cualquier estereotipo, es cierto), de la irreverencia y de un acentuado dejo "charapa", del que se sienten muy orgullosos.
Iquitos es la capital del inmenso departamento de Loreto, situada a orillas del río Amazonas entre la desembocadura de dos ríos, el Nanay y el Itaya. Su medio millón de habitantes es un compuesto de descendientes de las etnias originales que poblaron la zona (kukamas, iquitos, yaguas, boras), de migrantes serranos, de acriollados nietos de europeos (polacos, judíos alemanes y españoles), además de chinos, turcos y de mestizos producto de todas estas combinaciones.


Mercado loretano




Muelle Fiscal
No existe unanimidad entre los historiadores respecto a los orígenes españoles de esta ciudad. Hay quienes la ubican en 1757, otros hacia 1840. Pero es recién con el boom de la actividad cauchera - a inicios del siglo XX- que Iquitos da un salto cualitativo y se convierte en un cotizadísimo polo de actividad económica extractiva y un centro de lujo desenfrenado y delirante. De este fenómeno dan fe hasta hoy las casonas y edificios modernistas y art nouveau. Una célebre construcción de la misma época es la llamada "casa de fierro", levantada en una esquina de la Plaza de Armas con Próspero, diseñada por Gustav Eiffel.




Es el barrio de Belén donde el espíritu de Iquitos se despliega con toda su fuerza. Belén es un laberinto de canales en el que habita la facción más pobre de toda la ciudad, y allí comercian, pescan, viven, de modo que el tránsito de gente en canoas de caoba, en lanchones de transporte público, en barcazas de pesca, es incesante y fluye en estas calles acuáticas. La calle central de Belén lleva el nombre de Venecia.
Una obligada visita es al mercado principal de la ciudad. Una enorme feria diaria de todo tipo de productos selváticos que se usan para la vida cotidiana, incluyendo la más fabulosa parafernalia de curanderismo. En el se puede conocer una cantidad ilimitada de frutas: de aspecto, olor, sabor y nombre inclasificables. Súmele a lo que hemos dicho de Iquitos, una deliciosa comida local (cuya base es la chonta, el plátano frito o majado, la carne de cerdo, el maravilloso paiche, el dorado y hortalizas de sabores muy puros); además, ciertos secretos guardados para el turista, como el complejo de Quistococha o las playas del río Nanay.


Malecón Tarapacá


REVISTA: BIENVENIDAPERU.COM


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